Son aquellas pequeñas cosas…

Los niños están durmiendo, Iñaki aún no ha llegado y aunque la casa esté en silencio y mi ordenador mudo, en mi cabeza suena nítidamente…

 

Mañana se gradua Bruno, ya termina el cole y un montón de recuerdos se agolpan en mi cabeza. Podrían ser recuerdos de ayer, no necesariamente de hace doce años, ni diez, ni ocho… podrían ser todos perféctamente de ayer y como dice Joan Manuel en este tema

“como un ladrón te acechan detrás de la puerta, te tienen tan a su merced como hojas muertas , que el viento arrastrá allá o aquí, que te sonríen tristes y… nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve…”

Sólo vosotros seréis vosotros

Hoy, que nos lamentamos porque los recortes en educación, justificados en una crisis inventada en las oficinas de los rascacielos de las grandes compañías financieras, están acabando con la educación universal y gratuíta. Hoy que vemos cómo la “excelencia” académica está por encima de los valores humanos y morales y se da más importancia al bilingüismo que a la decencia. Hoy, yo tengo algo que celebrar respecto a mi propia educación:

Mi Profe de inglés de 8º de EGB, “el Aute”, que con veintipocos añitos recién sacados de la universidad, nos ayudó a fundar la primera asociación estudiantil que haya existido en el C.P. Nuestra Señora de la Concepción (y me temo que la única) Que nos enseñaba el idioma desentrañando el significado del Imagine de John Lennon. Que nos llevó de gira por Andalucía en un viaje de fin de curso, más de descubrimiento de nosotros mismos que del arte y la cultura de Al Ándalus. Volvió a darnos el sábado una clase magistral.

Veinticinco años más tarde volvemos a estar sentados en un áula de aquel colegio, revisando las diapositivas del viaje y escuchándole, como cuando estábamos en alguna de sus clases de entonces, cómo nos cuenta lo que supusieron para él aquellos años y nos confiesa emocionado que en el resto de su carrera no ha vuelto a tener una experiencia como aquella. Y para expresarlo, nos recita un poema de Pedro Salinas, de su libro “La Voz a tí debida” cuyo autor dedicó a su mujer y al que nuestro Profe modifica el número, pasando los singulares a plurales, para poder dedicarlo a sus alumnos:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Nosotros, vosotros.
Quitaos ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no os quiero así,
disfrazados de otros,
hijos siempre de algo.
Os quiero puros, libres,
irreductibles: vosotros.
Sé que cuando os llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo vosotros seréis vosotros.
Y cuando me preguntéis
quién es el que os llama,
el que os quiere suyos,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
os diré:
«Yo os quiero, soy yo.”

Ojalá yo pueda dirigirme alguna vez a alguien en estos términos. Gracias, Jose, por ser parte de nuestra historia. Gracias por hacernos parte de la tuya.

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Nuevo proyecto para hacer de éste un mundo mejor…

Hace demasidos meses que este blog está ahí, en un rinconcito esperando paciéntemente a ser retomado.

No es que no haya recursos que contar con los que hacer de este un mundo mejor, pero a veces se va posponiendo, posponiendo el sentarse a escribir y ésta me ha parecido una buena excusa para retormarlo.

Hace unos meses, encontré pegado en la puerta de mi portal un cartel en el que aparecía una foto encantadora y amistosa de unos cuantos chavales, con un texto que decía algo así como que estaban recogiendo objetos, libros, discos, películas… que ya no usáramos para venderlos en un mercadillo y destinar lo recogido a un proyecto en Etiopía. Tenlo preparado todo que pasaremos a buscarlo tal día a tal hora. Me encantó la espontaneidad, fué como una bocanada de aire fresco, las caras sonrientes de los niños… (¡qué buen rollo pensé!) pero la cosa se quedó en el tintero: poco tiempo para buscar, el día que pasaban a recogerlo no estábamos en casa, les conocía de vista y no coincidía con ellos…

Mira tú por dónde hace un par de semanas, en un partido de baloncesto de hijos y padres, charlando con algunos de los papás, volvió a presentarse el proyecto y fuimos invitados a participar.  Quedada para organizar los objetos recogidos en la casa de Mar  y preparar el puesto para el mercadillo solidario.

Cuando llegué  a la casa, había un buen alboroto, un montón de cajas, objetos, libros, pelis… y movimiento de gente trabajando en equipo. Los chavales preparaban los carteles con fotos de los niños de aquí y de los niños que iban a recibir la ayuda, otros clasificaban las películas en cajas, ¿qué hago con ésto?, ¿en qué caja lo pongo?… Realmente se les veía alegres al respecto. Después de un buen rato de organizar… quedada para el día siguiente en el mercadillo.

Domingo, 10:30 de la mañana. Los chavales y los papás descargando las cajas y montando las mesas, alguien que sugiere dividirnos en equipos, ¿quién se encarga de la ropa?, ¿quién de la cerámica?, ¿y de los libros?… en un rato ya estaba el puesto montado con una ilusión que lo envolvía todo. Unos doblaban y colocaban la ropa, otros colgaban los carteles, otros se encargaban del dinero, los padres ayudaban pero realmente se les otorgaba responsabilidad a los niños.

Y es que “sólo” hay que proponerles algo en lo que trabajar y realmente dejar que lo hagan (ése es el fallo que a veces cometemos los adultos, no dejarles). Daba gusto ver las sonrisas en sus caras.

Ellos son el futuro y podemos  enseñarles que lo que no nos gusta de este mundo se puede cambiar y que ellos pueden hacer cosas importantes por ello.

Y… éste es el resultado

http://www.abayetiopia.org/mercadillo-solidario-por-etiopia-organizado-por-el-club-de-los-aventurerosas-de-hoyo

Muchas felicidades a todos (a los niños y los padres) y enhorabuena por la iniciativa y por el trabajo.

cum-plea-ños-fe-liiiiiiiiiiiiz…

Para nuestra amiga Milla en su cumpleaños y un día

¡¡¡¡¡¡¡ muchísimas felicidades !!!!!!!

y muchísimos besos y abrazos de esta familia.

estamos remodelando disculpen las molestias

Hacía bastante tiempo que no pasaba un rato jugando con mundito, una vez más por “culpa” de nuestra maestra, que casi siempre consigue reavivar el propósito, estamos en obras, cambiando cosas, aunque todavía no hemos encontrado el look definitivo, no termino de encontrar ese “feeling” como dice Milla.  Igual en unos días cada vez que paséis por aquí os encontráis a mundito con un traje nuevo cada vez (se admiten sugerencias y opiniones).

a Iñaki y a Javier

Uno va viviendo y va encontrando en el camino personas con las que va  compartiendo cosas no siendo, a veces,  del todo consciente de hasta qué punto pueden influir en nosotros o podemos influir en ellas para bien o para mal con nuestra forma de ser, pensar, actuar…

Después de una esperanza de reencuentro en face book y al cabo de unos meses se pone fecha y casi hora al abrazo después de casi 20 años.

Los días anteriores se suceden los nervios y las sensaciones, la expectación, las dudas de que todo salga bien y la certeza de que así será, las ganas de presentaros a mi familia, de preparar algo especial para la cena, la fortuna de que vengáis los dos hasta mi casa a pasar un rato juntos, y todos los recuerdos  que se agolpan queriendo salir a la luz todos a la vez:

la incredulidad del principio, ver aparecer a Iñaki con los mapas en la clase y empezar a pensar que va en serio, los posters de paisajes nevados colgados en la pared de clase para irnos haciendo a la idea, los  nervios de los preparativos, vender papeletas del viaje de fin de curso por el barrio, pasar la frontera de España y salir por primera vez del país, carámbanos de hielo en los tejados de las cabañas, un exámen de integrales en los Campos Elíseos con un aprobado después de comprenderlo realmente y el sentimiento de que si todo funcionase así concediendo importancia a lo que realmente la tiene el mundo sería menos complicado, una velada con una guitarra en un albergue en algún punto de Escandinavia, la sensación de calor en la cara y de vergüenza cantando las canciones, saltos en un lago helado, un tulipán que te hace sentir por primera vez  una mujer, risas, canciones en un tren, carreras para no perder otro, la canción de Lucía, una postal con dedicatoria, frutos secos compartidos, leche condensada por la mochila (a pesar de las advertencias), el peso de la larga y torcida mochila, la sensación de estar muy lejos de casa, la admiración por los paisajes noruegos, el llanto y el nudo en la garganta en la despedida, el sentimiento de que estás creciendo y el agrademiento de que te traten como a un adulto y te den responsabilidades como tal, las canciones silbadas de Javier, masajes en la cara en otro tren, las bromas y más risas, las compras de recuerdos por Venecia con tiempo libre incluido para ir por donde uno quiera (tan lejos de casa),  la subida al palacio de “La bella durmiente”, las pequeñas complicidades, las preocupaciones por los problemas que surgían con la sensación de estar en buenas manos, mirar hacia arriba y ver la catedral interminable de Colonia, quedarse mirando sin poder apartar la vista de un pequeño cuadro en la misma sala donde todo el mundo se agolpa delante de La Monalisa, la Victoria de Samotracia al final de la escalera, abrazos, más canciones, confesiones, charlas entre niñas que están dejando de serlo, nostalgia de lo que todavía no se ha acabado leyendo el cartel de una estación conocida de vuelta a casa en el tren, el mar que no huele a mar, el sentimiento de estar viviendo algo muy importante, la gente muy guapa pero muy fría del norte, su amabilidad, la sorprendente puntualidad de los trenes,  ¡¿también hay Mc Donals en Suecia?!, “¿dónde está mi calcetín, dónde está mi calcetín, ¡oyu!, ¡tsssssss!, ¡uhhhhhh!, ¡ahhhhhh!, la limpieza en las calles de Estocolmo, el viento frío en la cara en la cubierta del ferry, el júbilo y los nervios porque arranca el tren y nos vamos de Madrid, el tacto del billete de inter-rail donde iba apuntando todos los trayectos, la catedral de Notre Dame, la basílica de San Marcos en obras, los pesados de los italianos, las pesadas que les provocaban,  no querer que se me olvide nada y recordar cada detalle, los escaparates llenos de máscaras venecianas, los carteles en finlandes llenos de  “Aes” con circulito arriba, ¡queeeee bonitoooo, queeeee bonitoooooo!, el calor de los albergues, la sensación de acercarnos a casa llegando a Italia por la calidez de sus gentes, por el ruido y porque el mar huele a mar, el primer tren que se retrasa nada más llegar a España, el susto de un revisor borracho que nos pide los pasaportes, no dormir en la litera de un tren, pasar las horas de noche charlando, el sentimiento de que un maestro deja de serlo para ser un amigo, el brindis con cerveza y salchichas alemanas, el sabor amargo en la boca de la cerveza negra, las estatuas tan increibles del parque de Oslo, los carteles de publicidad en los que los guapos son todos morenos, los bebés rubios con ojos azules, las fotos de grupo, las postales, un bote que sonaba como una vaca en un autobús (o un tren), la sensación de haber tenido la “suerte” de estar en el momento apropiado en el lugar correcto para poder vivir todo eso, lo contradictorio de no querer que se acabe y querer llegar para volver a ver a un chico que en aquélla época empezaba a hacerme “tilín” y que luego se convirtió en mi marido y en el padre de mis hijos,  la sesión de fotos en el cole después del viaje, el montón de folios y bolis ordenados en el despacho de Javier y la orientación sobre las posibilidades de carrera… según lo que yo quería hacer, las cartas que llegaban de África y seguir compartiendo cosas importantes, la visita y la acogida en Santurce, el Cd de Silvio y Aute con una dedicatoria especial, la canción de Lucía de nuevo a dos voces en un mensaje telefónico, los mensajes por facebook.

El día x llega. Por fin el esperado abrazo y con él la sensación de que nos vimos ayer por la tarde y la alegría de volver a encontrarnos después de tanto tiempo…

Gracias por ser de las personas que influyen positivamente en la gente que tienen alrededor y trabajar a diario para crear un mundo mejor. Después del reencuentro ahora tenemos la responsabilidad de mantenerlo.

Un abrazo gigante para los dos.

lilas

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego.
Mira que vienen abejas,
mira que pasan volando
y se detienen en el lilo
a libar néctar sagrado.

 

Por ahí vienen los chiquillos,
jugando llevan un ramo,
que entregan a su maestra
con el corazón en la mano.

 

Se secaron ya las lilas,
ya no les queda perfume,
lo han repartido todo,
se secaron ya sus ubres.

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego,
toda la noche y el día
su perfume regalando.