Cañas, bravas y recuerdos en el Docamar

En memoria de Sonia.

No creo que nadie recuerde septiembre como un mes anhelado durante su época escolar ni creo que a nadie nos gustase dejar atrás tres meses de indolencia para volver a las clases, los deberes, los controles… pero había algo en la vuelta al cole que nos permitía soportar este acontecimiento tan terrible e, incluso, darle un toque agradable. Me refiero al reencuentro con los amiguetes, a todo lo que nos teníamos que contar, a volver a vernos como extraños que se conocen de toda la vida, más altos, más gordos, más morenos, más mayores… pero los mísmos de siempre.

Todo lo que teníamos que contarnos sobre nuestras aventuras veraniegas, que nos habíamos colado en el cine de verano del auditorio del parque por un hueco en la verja, que nos habían pillado robarndo uvas en un huerto cercano, que le habíamos dado un beso a una chica en las fiestas. Teníamos que enseñarnos nuestros nuevos deportivos puma, nuestra nueva cartera perona, nuestro nuevo reloj digital sumergible a veinticinco metros. Nada de lo cual tenía ningún sentido si no podías compartirlo con los compis.

Luego volvía la cotidianidad aderezada con recreos repletos de partidos de futbol, de béisbol, de rescates, de ollas, de pingüinos, de vueltas ciclistas de chapas, de darnos de puñetazos, de andar por ahí agarrado por los hombros con tu mejor amigo, de ignorar a las chicas que tanto nos gustaban, de formar tapones en las escaleras hasta que ya no podíamos soportar más la avalancha hacia el patio, de colarnos por las clases cuando estaban vacías burlando la vigilancia del E.T. – Juanete, el conserje contrahecho que nos perseguía por el patio con un pito para que volviésemos a clase pasada esa media hora eterna de felicidad.

Recuperar todo eso hacía que septiembre mereciese la pena. Pero un día, no se sabe muy bien cuándo, se acaban los septiembres.

No hace mucho me lamentaba por los amigos perdidos. Desde que empecé a trastear con esto del féisbuc lo primero que hice fué intentar localizar a toda esa gente que se había quedado atrás y con la que dificilmente volvería a encontrarme en lo sucesivo. Sinembargo mis búsquedas no dieron ningún resultado así que desistí y dejé de frecuentar mi cuenta y cuando lo hacía era sin mucho interés ni atención. Pero hace unos días me encuentro con una solicitud de amistad de dos compañeros del cole que además han encontrado a otros. En poco tiempo nos reunimos ocho o diez personas de esa época, empiezan a aparecer fotos y los recuerdos y la nostalgia se empiezan a remover.

La verdad es que fué un subidón de buen rollo y en seguida se empieza a hablar de quedar y vernos aunque suena a esas cosas que se dicen, “a ver si nos llamamos y quedamos” que nunca suceden. Pero de repente tenemos fecha, hora y lugar. Algunos no pueden, pero la mayoría si.

Ahí comienzan mis dudas (y sospecho que no he sido el único) En tanto tiempo ninguno seremos como nos conocimos. Visito los perfiles de todos. Aparentemente no tenemos nada o casi nada en común salvo que hemos crecido, trabajado y, en algunos casos, nos hemos reproducido ¿Y si no nos caemos bien? ¿Y si ya no tenemos nada que contarnos?

La prudencia nos lleva a quedar a la hora del aperitivo, inteligente forma de tener la comida como excusa para, en caso de que la cosa se enfríe, tirar cada uno por su camino.

En parte por “otras causas” y en parte para no llegar el primero y tener que afrontar el encuentro con uno sólo de ellos, he llegado un poco tarde pero no tanto como para ser el último. Pero nada más vernos nos hemos conocido y nos hemos reconocido y nos hemos encontrado de verdad, tal como somos y viéndonos de verdad (creo, y creo que no soy el único que lo ha percibido así)

Y hemos empezado una puesta al día alegre y divertida (a pesar de que no todo han sido buenas noticias) como si nos hubiéramos visto la semana pasada. Y al final nos hemos olvidado de la excusa de la comida hasta que, al final, nos despedíamos cuatro horas más tarde porque ya nos teníamos que ir pero sin ganas de separarnos (como esas veces, de pequeños, que acompañábamos a un amigo con el que estábamos enfrascados en una conversación de lo más trascendente hasta su portal para que luego él – o ella – nos acompañase hasta el nuestro y así por varios viajes hasta que al final la madre de alguno decía que ya estaba bien que ya no eran horas de andar por ahí e interrumpía lo que era seguramente una reconstrucción inédita del mundo)

Hemos sido seis personas con diferentes vidas, intereses, profesiones, idiosincrasias, creencias, opiniones, etcétera, etcétera (incluso en algún caso me temo que muy opuestas) pero unidas en la puesta en común de las diferentes realidades de un pasado común que poco a poco se va conformando en una sola historia compartida.

Se ha dicho que somos amigos desde hace más de treinta años, que hemos compartido diez años de nuestras vidas, que en realidad este es el comienzo de una nueva amistad, que esto hay que repetirlo. Se han hecho planes, se han puesto fechas, ya hay propuestas. Y nada de todo ello sonaba a tópico. Y ojalá que no lo sea.

Hoy, sin ánimo de entrar en los vicios y las virtudes de las redes sociales, no puedo por menos que agradecer a los entresijos del féisbuc y a la labor investigadora de Berta que un puñado de niños que compartieron septiembres y junios entre 1977 y 1987 en el Colegio Público Nuestra Señora de la Concepción nos hayamos vuelto a encontrar y hayamos podido contarnos los avatares de un verano que ha durado veintitres años.

Hoy, entre cañas y bravas, hemos recuperado septiembre.

Colegio Ntra. Sra. de la Concepción Curso 8ºB 1986-87

Anuncios

14 Respuestas a “Cañas, bravas y recuerdos en el Docamar

  1. Qué bonito y qué buen rollo… me alegro un montón de ese reencuentro.

    • De algún modo tú tienes parte de culpa, así que gracias. Este no va a ser el único reencuentro ni va a ser sólo con amigos míos del cole, había que poner un poco de theta en esa dinámica y lo estamos haciendo bien. Habrá que seguir adelante.

  2. No se que me pasa en los ojillos que les tengo humedos, no estoy llorando porque como decia Migel Bosé “los chicos no lloran”.
    Gracias por compartir esto con nosotros un abrazo y hasta la proxima, que espero que sea pronto.

    • Hola Javi, bienvenido a nuestro blog.
      Sé de lo que me hablas porque es lo que me pasó cuando puse punto y final a la entrada.
      Como te comentaba ayer no creo que si nos hubiésemos reencontrado hace unos años hubiésemos respondido ni lo hubiésesmos disfrutado todos tanto como lo hemos hecho. No sé si esta melancolía tiene que ver con la peligrosa aproximación a los cuarenta y el hecho de que ayer hubieran comentarios sobre quién peina canas y desde cuando o qué, pero el caso es que lo estoy gozando de lo lindo, en gran medida porque veo que vosotros también.
      Gracias por comentar.
      Hasta pronto.

  3. Madre mía, se me han saltado las lágrimas. Y es que ha sido así, tal y como lo cuentas…..y qué bién lo cuentas.

  4. Joder con la mota de polvo en el ojo no se que me pasa!!!!
    Esta orla despues de tantos años vale su peso en oro.

    • Pues la orla no pesa mucho, no te creas. Otra cosa sería lo que pesamos ahora los que salimos en ella, entonces sí que sería bastante oro para otras cañitas.
      Díle a tus chicas que te hagan unos mimitos y una de dos, o se te quita de una vez la mota o rompes a llorar de una vez y te quedas tan a gusto.

  5. Despues de mi mujer eres la segunda persona que has conseguido que se me salten algunas lagrimas tras leer algunas letras escritas de vuestras fabulosas manos, como escritores,ja,ja,ja.

  6. Creo que tenéis razón respecto al momento en que vivimos. Si esto hubiese ocurrido hace años, seguramente habríamos pasado de largo. Quizá como dice Javi pesaban demasiado aquellos clichés que teníamos unos de otros y ahora tenemos la suficiente madurez para vernos tal y como somos: sin prejuicios absurdos, sin tener que disimular lo que a veces pensábamos unos de otros, sin miedo a que se rieran de nosotros por no pensar como el grupo. Hemos aprendido a valorar a las personas por lo que son, nos hemos despojado de vergüenzas y ahora vemos que crecimos muy juntos. Compartimos muchos y muy importantes años, pero nunca nos dijimos lo que nos necesitábamos, lo importante que era para nosotros reecontrarnos en Septiembre; y al siguiente Septiembre, y al otro… ¡Qué gusto haber crecido!. ¡Qué tranquilidad poder decirnos todo esto ahora!. Sobre todo porque nos damos cuenta de lo parecido que pensábamos. Os decía en otro comentario que a la hora de buscar y encontrar tenía mis dudas. ¿Y si era yo a la única a la que le hacía ilusión?. Luego pensé “¡qué demonios!, es lo que me apetece hacer. Si alguno no quiere es libre de decidir”.
    ¡Ah!, por cierto. A ver si barréis esto que a mí también se me llenaron los ojos de polvo…

    • Eeeee… aaaaaa… eeee… buenoooooo…. si… hace tiempo que no barremos por aquí y el polvo… en fin…
      Bienvenida a Mundito, Berta y gracias por suscribirte y por tu comentario.
      Estoy de acuerdo con que es nuestra madurez (las canas de Jaime, que yo no tengo) la que nos ha permitido atrapar este momento pero no sé yo si esta nos despoja de clichés, miedos, vergüenzas, etc. o símplemente los ha cambiado. En cualquier caso es verdad que vemos aquellos años con una perspectiva diferente que nos ofrece un nuevo planteamiento aquí y ahora. Lo que pase con ello en adelante está por ver, lo que está claro es que lo estamos disfrutando y eso sólo se lo debemos a tu “¡qué demonios!” así que, otra vez, muchas gracias.

  7. Hola Iñaki, muy bonito tu texto. Yo también me he alegrado mucho de recordar mi niñez… pero lo que más me alegra, sin duda, es descubrir que aquellos capítulos felices pero cerrados de mi vida, se convierten ¡zas! en un presente lleno de vida: La Conce El Retorno, jeje… cómo mola!!!!
    Por cierto, he estado curioseando en vuestros blogs… tu hijo Bruno ¡¡¡¡es IGUALITO a tí!!!!

    • Hay un dato técnico en Dianética que explica por qué todos estos recuerdos nos están haciendo sentir así de bien, pero mejor que explicarlo, ahora prefiero que lo disfrutemos porque, como dices, es mejor el futuro que promete el nuevo presente que lo que dejamos atrás.
      Eres muy bienvenida a nuestro blog y sí, Bruno se me parece mucho, el pobre…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s