Archivo de la categoría: a mi rollo (el de Cris)

Son aquellas pequeñas cosas…

Los niños están durmiendo, Iñaki aún no ha llegado y aunque la casa esté en silencio y mi ordenador mudo, en mi cabeza suena nítidamente…

 

Mañana se gradua Bruno, ya termina el cole y un montón de recuerdos se agolpan en mi cabeza. Podrían ser recuerdos de ayer, no necesariamente de hace doce años, ni diez, ni ocho… podrían ser todos perféctamente de ayer y como dice Joan Manuel en este tema

“como un ladrón te acechan detrás de la puerta, te tienen tan a su merced como hojas muertas , que el viento arrastrá allá o aquí, que te sonríen tristes y… nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve…”

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a Iñaki y a Javier

Uno va viviendo y va encontrando en el camino personas con las que va  compartiendo cosas no siendo, a veces,  del todo consciente de hasta qué punto pueden influir en nosotros o podemos influir en ellas para bien o para mal con nuestra forma de ser, pensar, actuar…

Después de una esperanza de reencuentro en face book y al cabo de unos meses se pone fecha y casi hora al abrazo después de casi 20 años.

Los días anteriores se suceden los nervios y las sensaciones, la expectación, las dudas de que todo salga bien y la certeza de que así será, las ganas de presentaros a mi familia, de preparar algo especial para la cena, la fortuna de que vengáis los dos hasta mi casa a pasar un rato juntos, y todos los recuerdos  que se agolpan queriendo salir a la luz todos a la vez:

la incredulidad del principio, ver aparecer a Iñaki con los mapas en la clase y empezar a pensar que va en serio, los posters de paisajes nevados colgados en la pared de clase para irnos haciendo a la idea, los  nervios de los preparativos, vender papeletas del viaje de fin de curso por el barrio, pasar la frontera de España y salir por primera vez del país, carámbanos de hielo en los tejados de las cabañas, un exámen de integrales en los Campos Elíseos con un aprobado después de comprenderlo realmente y el sentimiento de que si todo funcionase así concediendo importancia a lo que realmente la tiene el mundo sería menos complicado, una velada con una guitarra en un albergue en algún punto de Escandinavia, la sensación de calor en la cara y de vergüenza cantando las canciones, saltos en un lago helado, un tulipán que te hace sentir por primera vez  una mujer, risas, canciones en un tren, carreras para no perder otro, la canción de Lucía, una postal con dedicatoria, frutos secos compartidos, leche condensada por la mochila (a pesar de las advertencias), el peso de la larga y torcida mochila, la sensación de estar muy lejos de casa, la admiración por los paisajes noruegos, el llanto y el nudo en la garganta en la despedida, el sentimiento de que estás creciendo y el agrademiento de que te traten como a un adulto y te den responsabilidades como tal, las canciones silbadas de Javier, masajes en la cara en otro tren, las bromas y más risas, las compras de recuerdos por Venecia con tiempo libre incluido para ir por donde uno quiera (tan lejos de casa),  la subida al palacio de “La bella durmiente”, las pequeñas complicidades, las preocupaciones por los problemas que surgían con la sensación de estar en buenas manos, mirar hacia arriba y ver la catedral interminable de Colonia, quedarse mirando sin poder apartar la vista de un pequeño cuadro en la misma sala donde todo el mundo se agolpa delante de La Monalisa, la Victoria de Samotracia al final de la escalera, abrazos, más canciones, confesiones, charlas entre niñas que están dejando de serlo, nostalgia de lo que todavía no se ha acabado leyendo el cartel de una estación conocida de vuelta a casa en el tren, el mar que no huele a mar, el sentimiento de estar viviendo algo muy importante, la gente muy guapa pero muy fría del norte, su amabilidad, la sorprendente puntualidad de los trenes,  ¡¿también hay Mc Donals en Suecia?!, “¿dónde está mi calcetín, dónde está mi calcetín, ¡oyu!, ¡tsssssss!, ¡uhhhhhh!, ¡ahhhhhh!, la limpieza en las calles de Estocolmo, el viento frío en la cara en la cubierta del ferry, el júbilo y los nervios porque arranca el tren y nos vamos de Madrid, el tacto del billete de inter-rail donde iba apuntando todos los trayectos, la catedral de Notre Dame, la basílica de San Marcos en obras, los pesados de los italianos, las pesadas que les provocaban,  no querer que se me olvide nada y recordar cada detalle, los escaparates llenos de máscaras venecianas, los carteles en finlandes llenos de  “Aes” con circulito arriba, ¡queeeee bonitoooo, queeeee bonitoooooo!, el calor de los albergues, la sensación de acercarnos a casa llegando a Italia por la calidez de sus gentes, por el ruido y porque el mar huele a mar, el primer tren que se retrasa nada más llegar a España, el susto de un revisor borracho que nos pide los pasaportes, no dormir en la litera de un tren, pasar las horas de noche charlando, el sentimiento de que un maestro deja de serlo para ser un amigo, el brindis con cerveza y salchichas alemanas, el sabor amargo en la boca de la cerveza negra, las estatuas tan increibles del parque de Oslo, los carteles de publicidad en los que los guapos son todos morenos, los bebés rubios con ojos azules, las fotos de grupo, las postales, un bote que sonaba como una vaca en un autobús (o un tren), la sensación de haber tenido la “suerte” de estar en el momento apropiado en el lugar correcto para poder vivir todo eso, lo contradictorio de no querer que se acabe y querer llegar para volver a ver a un chico que en aquélla época empezaba a hacerme “tilín” y que luego se convirtió en mi marido y en el padre de mis hijos,  la sesión de fotos en el cole después del viaje, el montón de folios y bolis ordenados en el despacho de Javier y la orientación sobre las posibilidades de carrera… según lo que yo quería hacer, las cartas que llegaban de África y seguir compartiendo cosas importantes, la visita y la acogida en Santurce, el Cd de Silvio y Aute con una dedicatoria especial, la canción de Lucía de nuevo a dos voces en un mensaje telefónico, los mensajes por facebook.

El día x llega. Por fin el esperado abrazo y con él la sensación de que nos vimos ayer por la tarde y la alegría de volver a encontrarnos después de tanto tiempo…

Gracias por ser de las personas que influyen positivamente en la gente que tienen alrededor y trabajar a diario para crear un mundo mejor. Después del reencuentro ahora tenemos la responsabilidad de mantenerlo.

Un abrazo gigante para los dos.

lilas

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego.
Mira que vienen abejas,
mira que pasan volando
y se detienen en el lilo
a libar néctar sagrado.

 

Por ahí vienen los chiquillos,
jugando llevan un ramo,
que entregan a su maestra
con el corazón en la mano.

 

Se secaron ya las lilas,
ya no les queda perfume,
lo han repartido todo,
se secaron ya sus ubres.

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego,
toda la noche y el día
su perfume regalando.

Tango Quattro

Cuando el desorden es muy abrumador podemos acudir al famoso “divide y vencerás”  para salir airosos de la lid. Si tienes un caos, toma una parte de este y colocala. Bien o mal ahí estará quieta y a partir de ello podremos ir haciendo lo mismo con otras diferentes partes del desorden hasta que se convierta en orden. Esto se puede aplicar a cualquier área de la vida y de la actividad de uno. Desde este principio uno puede también parcelar su tiempo en acciones que se comienzan, se cambian y llegado un cierto punto se terminan de modo que no le venza la inmensidad de períodos demasiado largos sin un fin a la vista o demasiado cortos en los que no da tiempo a nada (más información en Los Problemas del Trabajo, de L. Ronald Hubbard)

Agosto se nos presentaba como unas medio vacaciones. Y digo “medio vacaciones” porque aunque Cris tenía el mes completo yo usé la mayor parte de mi permiso para mi viaje a Haití, así que sólo dispondría de una semana arañando retazos y fines de semana. Aún así yo sólo trabajaría por las mañanas de lunes a viernes de modo que dispondríamos del resto del día y de los fines de semana para pasarlo los cuatro juntos hasta poder hacer nuestra escapadita al norte lo que es mucho más de lo que hemos tenido los últimos… ¿ocho años?

Pero a la calmachicha que prometía este mes le apareció en el horizonte un cambio importante. A partir de septiembre volveré a mi trabajo en el campo de la educación en Baby Gim. Bueno, tras un mes tranquilo, un cambio de actividad. Septiembre, para mí, siempre ha sido el comienzo del año y la fecha de los “propósitos de enmienda” más que enero. Así que aún conservabamos los planes de verano en paz. Pero parece que en nuestra vida los cambios no vienen solos ni son pequeños así que para darle más color al verano decidimos cambiar de casa y en menos que canta el gallo nos vimos entre yeso y pintura poniendo bonito nuestro nuevo nido mientras que del viejo no paraban de salir libros y trastos y más libros y más trastos que llenaban cajas y cajas que se apilaban por los rincones.

De los escondrijos más recónditos iban saliendo recuerdos que nos ponían constantemente en la tesitura: ¿Al cubo de basura para pasar “limpios” a la “nueva vida” o lo guardo en una caja hasta la próxima vez que vuelva a aparecer? Cartas, fotos… muchos siguieron el primer camino, algunos se salvaron pero todos dejaron una huella de nostalgia en nuestro ánimo.

Así que para sobrevivir a la debacle que se nos venía encima parcelamos el tiempo, establecimos ciclos de acción y pusimos hitos que ir siguiendo: embalar en la casa vieja, adecentar la casa nueva, trasladar los bártulos, limpiar y entregar las llaves de la vieja y colocar todo en la nueva. Y como premio el concierto programado para la noche del 21 en la plaza Cervantes, junto al Centro Cultural del pueblo. Luego una semana de vacaciones y ¡a por septiembre, que viene dando duro!

Y así fué y el premio valió la pena de los quince últimos días de trabajos forzados. En el programa de las Noches de Hoyo se esperaba para la noche de ayer nada menos que a Tango Quattro.

Cuando Bruno y Darío eran bebés Cristina bailaba con ellos las canciones de su disco Fin de Siglo y les encantaba.

Así que además de poder dar un abrazo a un viejo amigo, Mario, el pianista que además de ser un gran artista es una bellísima persona, tuvimos la oportunidad de disfrutar bajo el cielo de Hoyo de Manzanares de la belleza y la pasión que transmiten estos músicos que, sobre todo, se nota que disfrutan con lo que hacen.

Aquí tenéis una muestra…

Y ahora, con los brazos doloridos y los sentimientos revueltos por los recuerdos, los reencuentros y el tango: vacaciones.

Hasta la vuelta.

primavera con mayúsculas

Ésta es mi época favorita del año. Normalmente es más corta de lo que debería, ya que el calor llega de golpe y todo se agosta antes de tiempo. Pero este año está siendo diferente, ya que el invierno se ha alargado y el calor se va alternando con uno o dos días de lluvia que hacen que el campo esté maravillósamente repleto de flores de todos los colores.

Así que en cuanto podemos corremos a dar un paseito por los alrededores de nuestro pueblo con la cámara nueva, disfrutando de todo lo que nos llega a través de todos los sentidos… la vista, el oído, el tacto, el olfato y el que alegra el alma que supongo que es una mezcla de todos los demás.


mi acantilado

Mi acantilado es un sitio precioso, es un sitio mágico, un sitio especial.

Hay un sol tibio de esos que te acarician y te confortan. Ni demasiado calor, ni demasiado frío. Con hierba mullida de un verde brillante que se mece con el viento estelar. Ese viento que ondea en tu pelo cuando te asomas para mirar las estrellas. ¡Mira allí están las Pléyades!, y por allí Orión, y si te sientas un rato a mirar el universo te premiará con preciosas estrellas fugaces.

Hay mucha Paz, es un sitio confortable. Es como si formara parte de mi, como si lo conociera de siempre, como si siempre hubiese estado ahí esperando a que yo llegara para contemplar el infinito delante mía. Pero ese infinito no es algo ajeno, es como una prolongación, algo que forma parte de mi, de alguna manera que todavía sólo intuyo.

Mi acantilado sólo lo conozco yo, porque es mío, yo lo he creado, pero si quieres te invito un rato.

viene de puntillas pero va llegando…

Después de un par de días de sol que se va asomando tímido tras girones de gélido frío, intuyo que ya va llegando, de puntillas pero ya viene ¡¡¡por fín la primavera!!!