Archivo de la categoría: Poesía, cuentos, relatos…

lilas

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego.
Mira que vienen abejas,
mira que pasan volando
y se detienen en el lilo
a libar néctar sagrado.

 

Por ahí vienen los chiquillos,
jugando llevan un ramo,
que entregan a su maestra
con el corazón en la mano.

 

Se secaron ya las lilas,
ya no les queda perfume,
lo han repartido todo,
se secaron ya sus ubres.

En el lilo duermen las lilas,
cansadas de tanto trasiego,
toda la noche y el día
su perfume regalando.
Anuncios

Tango Quattro

Cuando el desorden es muy abrumador podemos acudir al famoso “divide y vencerás”  para salir airosos de la lid. Si tienes un caos, toma una parte de este y colocala. Bien o mal ahí estará quieta y a partir de ello podremos ir haciendo lo mismo con otras diferentes partes del desorden hasta que se convierta en orden. Esto se puede aplicar a cualquier área de la vida y de la actividad de uno. Desde este principio uno puede también parcelar su tiempo en acciones que se comienzan, se cambian y llegado un cierto punto se terminan de modo que no le venza la inmensidad de períodos demasiado largos sin un fin a la vista o demasiado cortos en los que no da tiempo a nada (más información en Los Problemas del Trabajo, de L. Ronald Hubbard)

Agosto se nos presentaba como unas medio vacaciones. Y digo “medio vacaciones” porque aunque Cris tenía el mes completo yo usé la mayor parte de mi permiso para mi viaje a Haití, así que sólo dispondría de una semana arañando retazos y fines de semana. Aún así yo sólo trabajaría por las mañanas de lunes a viernes de modo que dispondríamos del resto del día y de los fines de semana para pasarlo los cuatro juntos hasta poder hacer nuestra escapadita al norte lo que es mucho más de lo que hemos tenido los últimos… ¿ocho años?

Pero a la calmachicha que prometía este mes le apareció en el horizonte un cambio importante. A partir de septiembre volveré a mi trabajo en el campo de la educación en Baby Gim. Bueno, tras un mes tranquilo, un cambio de actividad. Septiembre, para mí, siempre ha sido el comienzo del año y la fecha de los “propósitos de enmienda” más que enero. Así que aún conservabamos los planes de verano en paz. Pero parece que en nuestra vida los cambios no vienen solos ni son pequeños así que para darle más color al verano decidimos cambiar de casa y en menos que canta el gallo nos vimos entre yeso y pintura poniendo bonito nuestro nuevo nido mientras que del viejo no paraban de salir libros y trastos y más libros y más trastos que llenaban cajas y cajas que se apilaban por los rincones.

De los escondrijos más recónditos iban saliendo recuerdos que nos ponían constantemente en la tesitura: ¿Al cubo de basura para pasar “limpios” a la “nueva vida” o lo guardo en una caja hasta la próxima vez que vuelva a aparecer? Cartas, fotos… muchos siguieron el primer camino, algunos se salvaron pero todos dejaron una huella de nostalgia en nuestro ánimo.

Así que para sobrevivir a la debacle que se nos venía encima parcelamos el tiempo, establecimos ciclos de acción y pusimos hitos que ir siguiendo: embalar en la casa vieja, adecentar la casa nueva, trasladar los bártulos, limpiar y entregar las llaves de la vieja y colocar todo en la nueva. Y como premio el concierto programado para la noche del 21 en la plaza Cervantes, junto al Centro Cultural del pueblo. Luego una semana de vacaciones y ¡a por septiembre, que viene dando duro!

Y así fué y el premio valió la pena de los quince últimos días de trabajos forzados. En el programa de las Noches de Hoyo se esperaba para la noche de ayer nada menos que a Tango Quattro.

Cuando Bruno y Darío eran bebés Cristina bailaba con ellos las canciones de su disco Fin de Siglo y les encantaba.

Así que además de poder dar un abrazo a un viejo amigo, Mario, el pianista que además de ser un gran artista es una bellísima persona, tuvimos la oportunidad de disfrutar bajo el cielo de Hoyo de Manzanares de la belleza y la pasión que transmiten estos músicos que, sobre todo, se nota que disfrutan con lo que hacen.

Aquí tenéis una muestra…

Y ahora, con los brazos doloridos y los sentimientos revueltos por los recuerdos, los reencuentros y el tango: vacaciones.

Hasta la vuelta.

Reflejos díscolos

Siempre que encontraba un par de espejos enfrentados disfrutaba colocándome en medio y ver mi imagen multiplicarse hasta el infinito. Una vez, jugando así, vi con sorpresa a uno de mis reflejos, el quinto o el sexto de la fila, apartarse un poco de la línea y agitar la mano como diciéndome hola. Casi instintivamente me dí la vuelta y vi que no era yo a quien saludaba. Entre la fila de mis imágenes que giraban conmigo vi a una de ellas, la octava o novena de la fila, respondiendo al saludo. Inmediátamente me aparté como para no molestar y me quedé un poco confuso mirando a los que me rodeaban que seguían a lo suyo sin percatarse del fenómeno. Me quedé pensando si esos reflejos díscolos habrían desaparecido con los demás cuando me quité de enmedio o si se habrían acercado a charlar el uno con el otro, pero no me atreví a mirar. Desde entonces no me gustan los espejos y menos si se miran entre sí.

Huérfana de reflejo

Ya asomaban por el este los primeros tonos rosados del amanecer cuando fuí testigo del trágico accidente. Nadie más se percató, ni el conductor del autobús, ni los otros pasajeros que dormitaban en sus asientos. El bus hizo su parada y reflejada en la ventanilla vi a la señora apearse. De repente  un coche pasó a toda velocidad por nuestra izquierda atropellando mortalmente la figura de la mujer que continuó andando por el arcén huérfana de reflejo.

Haití (II)

Los penúltimos preparativos. La casa es amarilla. Toda la gama de sentimientos y sensaciones posibles (e imposibles) hecha un nudo en la boca del estómago…

Impresiones de un colibrí

Es un trabajo duro alimentarse adecuádamente cuando uno necesita ingerir cada día el peso de su propio cuerpo por un pico tan diminuto así que me lo paso de flor en flor sorbiendo dulces gotitas de nectar que me endulzan este cotidiano ajetreo.

A esto hay que añadir que mi tamaño y belleza atraen los insensatos ataques de predadores bien para alimentarse, bien por simple diversión o bien para adornar los estúpidos plumajes con los que sus hembras se tocan la cabeza. No entienden que con cada uno de mis miles de aleteos por minuto el Universo vuelve a crearse.

Estoy bastante acostumbrado a lidiar con las acometidas de las crías de estos extraños seres que corren a dos patas y saltan emitiendo grititos intentando atraparme con sus patas delanteras. Por suerte son tan ruidosos que se les siente llegar con tiempo para desaparecer. Si en alguna ocasión me veo cerca de ser capturado será porque, por deporte, les dejo intentar alcanzarme desde una altura prudente pues otro de los defectos a los que la naturaleza les ha condenado es su incapacidad de volar.

Pero hoy tuve un encuentro distinto con uno de ellos. Se trataba de una hembra adulta que, contra lo acostumbrado, se movía tan silenciosamente que me sorprendió suspendido a pocos metros de su alcance y a la altura de sus ojos.

Hacía poco acababa de regresar de una de mis migraciones a este viejo conocido parque que tras las últimas lluvias se teñía de verde por todas partes menos por el rojo de las flores de los flamboyanes. Al atardecer me había acercado a libar las mejores a una de las zonas más peligrosas del parque en la que se reúnen manadas de estos seres a dejar que sus crias celebren sus curiosas ceremonias iniciáticas. A menudo me gusta observarlas desde la espesura de las caobas pero en aquel momento ya se habían retirado a sus nidos y la calma del parque me permitía volar a mis anchas de flor en flor.

De pronto una bandada de bulliciosos pericos me sobresaltó y decidí adentrarme en el claro para ver de qué se trataba cuando me dí casi de bruces con ella. Mi primera reacción fué echar cuerpo a tierra para desaparecer entre la maleza pero  su actitud me detuvo.

Lo habitual cuando soy descubierto por uno de estos seres es sentir en su mirada la aviesa intención de atraparlo a uno de alterar de un modo u otro el discurso de la existencia de uno. Esta vez no fué así. Su mirada me incluía en su propia existencia.

Así que me quedé suspendido ante sus ojos. El sol a mi espalda me daba ventaja si era necesario huír y por prudencia subí y bajé lentamente comprobando que su mirada seguía mis movimientos. Fué al ver mi propia sombra sobre su cara cuando noté en su expresión que hubiera encontrado en mí a alguien conocido.

Entonces comenzó a moverse con una lentitud casi eterna. Fingí irme para ver si me seguía pero sólo su mirada lo hizo y en ella noté cómo no quería intervenir, símplemente estaba ahí escuchándo lo que yo tuviera que decirle. Así que volví y comenzamos nuestra conversación.

Si siempre había sido verdad la creación del Universo con cada batida de mis alas, en esta ocasión experimenté cómo era ella quien creaba en su Universo cada uno de mis destellos de color, cada latido de mi corazón, incluso mi modo de abarcar el espacio volando en círculos en torno suyo.

Sentí gran admiración por lo que estaba haciendo pero sentí también que lo hacía con su admiración hacia mis movimientos, con su emoción por el suceso tan fortuito, inesperado y extraordinario para ella como para mí.

No entiendo bien lo que sucede, no sé lo que está haciendo ni por qué, pero no quiero que se termine. Tengo el iresistible deseo de acercarme y besarla. Consciente del peligro que una acción así supondría en condiciones normales me lanzo y le zumbo al oído: “Gracias. Gracias por existir y por existirme en tu existencia”

Doy una vuelta final para asegurarme de que me ha escuchado. Lo sé. Lo ha hecho. Y desaparezco en la espesura.

Para todos los que siguen viendo el mundo con ojos de niño

Leyendouna entradaen el blog de Milla recordé este cuento que escribí hace como 15 años. Se trata de las cosas que suceden a nuestro alrededor y que a veces no vemos porque vamos demasiado deprisa.

Así que esta entrada está dedicada a todos aquellos que siguen mirando el mundo con la curiosidad de un niño y siguen disfrutando de las cosas maravillosas que a veces se presentan: especialmente a M y su nube rosa, a J y su arco iris doble, a Iñaki y su cielo estrellado, a Bruno y Darió que ven todo tipo de bichitos, nubes con formas… a K y su maravillosa visión de las flores, a P que nos regala su particular forma de ver el mundo en forma de poesía … a todos gracias por compartirlo conmigo y hacer que disfrute más de lo que tengo alrededor.

“Un día la luna esperó, como siempre, a que se pusiese el sol y entonces, asomándose a una gran ciudad pensó: ¡Madre mía, que hormiguero! ¿por qué correrán tanto?, ¿por qué irán tan deprisa?, seguro que si me miran un rato les alegro el día y… sacó de su armario el camisón más blanco, se puso guapa y salió de una nube de un salto.

Pero cuál fue su sorpresa cuando depués de un buen rato descubrió que nadie le hacía caso. La luna se dijo: uy, uy, uy, esto es más grave de lo que yo pensaba, aquí hay que hacer algo. Se remangó el camisón y dijo: ¡que empiece la función !

Corrió tras la gente, hizo piruetas, cantó una canción, se asomó a las ventanas, persiguió a los trenes y al final enfadada gritó: ¿Podéis dejar de correr un poco y mirar aquí arriba…?

Ya triste y cansada, la luna se rindió, pero justo cuando iba a meterse en su nube-cama un niño gritó: ¡Mira papá, mira mamá qué bonita está la luna! La luna sonrojada le sonrió y contenta por haber hecho felíz a alguien se durmió”.

Cris.