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Sólo vosotros seréis vosotros

Hoy, que nos lamentamos porque los recortes en educación, justificados en una crisis inventada en las oficinas de los rascacielos de las grandes compañías financieras, están acabando con la educación universal y gratuíta. Hoy que vemos cómo la “excelencia” académica está por encima de los valores humanos y morales y se da más importancia al bilingüismo que a la decencia. Hoy, yo tengo algo que celebrar respecto a mi propia educación:

Mi Profe de inglés de 8º de EGB, “el Aute”, que con veintipocos añitos recién sacados de la universidad, nos ayudó a fundar la primera asociación estudiantil que haya existido en el C.P. Nuestra Señora de la Concepción (y me temo que la única) Que nos enseñaba el idioma desentrañando el significado del Imagine de John Lennon. Que nos llevó de gira por Andalucía en un viaje de fin de curso, más de descubrimiento de nosotros mismos que del arte y la cultura de Al Ándalus. Volvió a darnos el sábado una clase magistral.

Veinticinco años más tarde volvemos a estar sentados en un áula de aquel colegio, revisando las diapositivas del viaje y escuchándole, como cuando estábamos en alguna de sus clases de entonces, cómo nos cuenta lo que supusieron para él aquellos años y nos confiesa emocionado que en el resto de su carrera no ha vuelto a tener una experiencia como aquella. Y para expresarlo, nos recita un poema de Pedro Salinas, de su libro “La Voz a tí debida” cuyo autor dedicó a su mujer y al que nuestro Profe modifica el número, pasando los singulares a plurales, para poder dedicarlo a sus alumnos:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Nosotros, vosotros.
Quitaos ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no os quiero así,
disfrazados de otros,
hijos siempre de algo.
Os quiero puros, libres,
irreductibles: vosotros.
Sé que cuando os llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo vosotros seréis vosotros.
Y cuando me preguntéis
quién es el que os llama,
el que os quiere suyos,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
os diré:
«Yo os quiero, soy yo.”

Ojalá yo pueda dirigirme alguna vez a alguien en estos términos. Gracias, Jose, por ser parte de nuestra historia. Gracias por hacernos parte de la tuya.

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Cañas, bravas y recuerdos en el Docamar

En memoria de Sonia.

No creo que nadie recuerde septiembre como un mes anhelado durante su época escolar ni creo que a nadie nos gustase dejar atrás tres meses de indolencia para volver a las clases, los deberes, los controles… pero había algo en la vuelta al cole que nos permitía soportar este acontecimiento tan terrible e, incluso, darle un toque agradable. Me refiero al reencuentro con los amiguetes, a todo lo que nos teníamos que contar, a volver a vernos como extraños que se conocen de toda la vida, más altos, más gordos, más morenos, más mayores… pero los mísmos de siempre.

Todo lo que teníamos que contarnos sobre nuestras aventuras veraniegas, que nos habíamos colado en el cine de verano del auditorio del parque por un hueco en la verja, que nos habían pillado robarndo uvas en un huerto cercano, que le habíamos dado un beso a una chica en las fiestas. Teníamos que enseñarnos nuestros nuevos deportivos puma, nuestra nueva cartera perona, nuestro nuevo reloj digital sumergible a veinticinco metros. Nada de lo cual tenía ningún sentido si no podías compartirlo con los compis.

Luego volvía la cotidianidad aderezada con recreos repletos de partidos de futbol, de béisbol, de rescates, de ollas, de pingüinos, de vueltas ciclistas de chapas, de darnos de puñetazos, de andar por ahí agarrado por los hombros con tu mejor amigo, de ignorar a las chicas que tanto nos gustaban, de formar tapones en las escaleras hasta que ya no podíamos soportar más la avalancha hacia el patio, de colarnos por las clases cuando estaban vacías burlando la vigilancia del E.T. – Juanete, el conserje contrahecho que nos perseguía por el patio con un pito para que volviésemos a clase pasada esa media hora eterna de felicidad.

Recuperar todo eso hacía que septiembre mereciese la pena. Pero un día, no se sabe muy bien cuándo, se acaban los septiembres.

No hace mucho me lamentaba por los amigos perdidos. Desde que empecé a trastear con esto del féisbuc lo primero que hice fué intentar localizar a toda esa gente que se había quedado atrás y con la que dificilmente volvería a encontrarme en lo sucesivo. Sinembargo mis búsquedas no dieron ningún resultado así que desistí y dejé de frecuentar mi cuenta y cuando lo hacía era sin mucho interés ni atención. Pero hace unos días me encuentro con una solicitud de amistad de dos compañeros del cole que además han encontrado a otros. En poco tiempo nos reunimos ocho o diez personas de esa época, empiezan a aparecer fotos y los recuerdos y la nostalgia se empiezan a remover.

La verdad es que fué un subidón de buen rollo y en seguida se empieza a hablar de quedar y vernos aunque suena a esas cosas que se dicen, “a ver si nos llamamos y quedamos” que nunca suceden. Pero de repente tenemos fecha, hora y lugar. Algunos no pueden, pero la mayoría si.

Ahí comienzan mis dudas (y sospecho que no he sido el único) En tanto tiempo ninguno seremos como nos conocimos. Visito los perfiles de todos. Aparentemente no tenemos nada o casi nada en común salvo que hemos crecido, trabajado y, en algunos casos, nos hemos reproducido ¿Y si no nos caemos bien? ¿Y si ya no tenemos nada que contarnos?

La prudencia nos lleva a quedar a la hora del aperitivo, inteligente forma de tener la comida como excusa para, en caso de que la cosa se enfríe, tirar cada uno por su camino.

En parte por “otras causas” y en parte para no llegar el primero y tener que afrontar el encuentro con uno sólo de ellos, he llegado un poco tarde pero no tanto como para ser el último. Pero nada más vernos nos hemos conocido y nos hemos reconocido y nos hemos encontrado de verdad, tal como somos y viéndonos de verdad (creo, y creo que no soy el único que lo ha percibido así)

Y hemos empezado una puesta al día alegre y divertida (a pesar de que no todo han sido buenas noticias) como si nos hubiéramos visto la semana pasada. Y al final nos hemos olvidado de la excusa de la comida hasta que, al final, nos despedíamos cuatro horas más tarde porque ya nos teníamos que ir pero sin ganas de separarnos (como esas veces, de pequeños, que acompañábamos a un amigo con el que estábamos enfrascados en una conversación de lo más trascendente hasta su portal para que luego él – o ella – nos acompañase hasta el nuestro y así por varios viajes hasta que al final la madre de alguno decía que ya estaba bien que ya no eran horas de andar por ahí e interrumpía lo que era seguramente una reconstrucción inédita del mundo)

Hemos sido seis personas con diferentes vidas, intereses, profesiones, idiosincrasias, creencias, opiniones, etcétera, etcétera (incluso en algún caso me temo que muy opuestas) pero unidas en la puesta en común de las diferentes realidades de un pasado común que poco a poco se va conformando en una sola historia compartida.

Se ha dicho que somos amigos desde hace más de treinta años, que hemos compartido diez años de nuestras vidas, que en realidad este es el comienzo de una nueva amistad, que esto hay que repetirlo. Se han hecho planes, se han puesto fechas, ya hay propuestas. Y nada de todo ello sonaba a tópico. Y ojalá que no lo sea.

Hoy, sin ánimo de entrar en los vicios y las virtudes de las redes sociales, no puedo por menos que agradecer a los entresijos del féisbuc y a la labor investigadora de Berta que un puñado de niños que compartieron septiembres y junios entre 1977 y 1987 en el Colegio Público Nuestra Señora de la Concepción nos hayamos vuelto a encontrar y hayamos podido contarnos los avatares de un verano que ha durado veintitres años.

Hoy, entre cañas y bravas, hemos recuperado septiembre.

Colegio Ntra. Sra. de la Concepción Curso 8ºB 1986-87

Lo que son las cosas…

Pedro Guerra, en una canción, dice algo así como “…y tuve un amigo y no quise perderlo y un día me fuí y jamás volví a verlo…”

Y yo ahora no puedo ver a mis amigos, porque están lejos y solo podemos charlar y compartir a través del blog y ya no veo a los que eran mis amigos a los que no quise perder…

Los más antiguos, los del parque, Eva, la hija de Mª Luisa, amiga de mi madre y su amiga Yolanda, que luego hizo la comunión conmigo. Mónica, la vecinita con quien, algo más tarde, juguaba a los médicos y a espiar a su hermana Patricia mientras tocaba el chelo hasta que nos descubría y se volvía histérica. El Piti, que era un buen tipo pero era también amigo de los gitanos y conocía al Banano y a su primo el Bernar, que nos daban terror porque llevaban navajas y nos quitaban el dinero que nos daban el domingo para ir a comprar pipas en el puestecito ambulante o, lo que era mucho peor el reloj o la bici. Sus hermanas, Carmen, tan buena que era la madre de todos, Raquel, más bicho y a quien me parece que he visto hace poco y que ella me ha reconocido pero que yo no he sido capaz de ubicar, y las otras, ya ni me acuerdo de cuántos eran, una de ellas se chivó a mi padre de que nos habíamos ido a robar uvas a un huerto que había en un patio cerca de su casa. El Cubano, que se llamaba como mi hermano al que quería mucho porque le enseñó a nadar y que tocaba los bongos sobre cualquier cosa sólida (bancos, escalones, arboles…) con unos ritmos que nos parecían imposibles  y que nos enseñó lo malo que era Fidel Castro porque no les dejaba a él y a su familia volver a casa. Almudena, que siempre se quejaba de que su padre y su hermano eran unos machistas y les tocaba a ella y a su madre hacer todo lo de la casa. Jordi, que era del Barça pero jugaba en El Periso, el equipo de futbol del bar de al lado de mi portal y que a su hermano mayor una vez le dieron una puñalada en una discoteca y su primo Gerardo que era más pequeño pero se venía con nosotros. Jaime que se vino a vivir al barrio con su madre y sus hermanos cuando se murió su padre y con quien inventábamos que eramos superhéroes con extraños poderes (que en realidad tenían todos los típicos superhéroes) y un dominio absoluto de las artes marciales que sólo podíamos desarrollar plenamente en la ingravidez de la zona poco profunda de la piscina municipal de la Conce. Su hermano Jorge que nos enseñaba y nos traducía el Muro de Pink Floyd y su hermano Julio, que era más mayor y nos miraba como si estuvieramos todos locos. Montse, que se dejaba meter mano en la piscina y que jugaba al futbol mejor que muchos de nosotros (no sé si mejor que muchos, mejor que yo, si) y su hermano Víctor que a veces nos cuidaba porque era mayor. Jorge que siempre bajaba al parque con su abuelo, que jugaba la partida de cartas con mi padre en el bar Lindamar, porque no tenía padre y que me ganó en una partida de guá todas las canicas que me había regalado Pablo, el hijo de Conchita, la amiga de mi madre. Luis que se vino a vivir al barrio cuando sus padres se separaron y luego resultó que se llamaba Igor pero que le daba corte decírnoslo por si nos reíamos de su nombre pero era imposible reirse de un tío que jugaba tan bien al balón aunqe se pareciese a Felipe (el de Mafalda). Además tenía un hermano que hizo la mili en los “paracas” y que se iba con Johny que era americano y su padre trabajaba en la base de Torrejón y tenía unas Nike importadas y sabía hacer break dance. Mi mejoramigo Nacho, con quien jugaba partidos de futbol de chapas en la moqueta de su cuarto o grabábamos programas de radio a lo “gomaespuma” en el radiocaset en el que escuchaba mis cintas de cuentos, de Marco y de Heidi por las noches. A Jesús y Raúl, dos amigos inseparables que un día se liaron a puñetazos, nadie sabía por qué, y no volvierno a hablarse más, lo que tampoco fué tan malo para Jesús porque a Raúl en el Perelló, su cole, le llamaban el Calígula por las ideas que tenía y porque, lo que era peor, las llevaba a cabo. Además Raúl y su hermano Titín fumaban y sabían esconderse el cigarro para que no lo vieran los mayores. Más tarde se les veía trapicheando con los yonkis que se juntaban en el parque, cerca del auditorio, para comprar droga.

De esa época también estaban los de Villalba como Miriam, que me gustaba mucho. Jaime y Alfonso con quienes jugabamos a un viaje espacial en una tele en blanco y negro enchufada a su espéctrum con unos cascos de motorista puestos para darle más algún realismo mientras que su madre, Choni, hacía las mejores croquetas que jamás haya comido. Marta y su hermano Antonio. Rubén, que no me caía bien. Y el vaquero que conocimos que nos dejaba montar en su yegua y acompañarle mientras pasaba con el ganado por la cañada y nos enseñó a hacer varas de pastor con las ramas de un arbusto.

Y los del barrio de mi prima Mafi, Talo, Mada, Lupe… con los que jugaba a cosas de chicas (la goma, la comba, la rayuela…) y nadie decía que eso eran cosas de chicas, cosa impensable en mi barrio.

Y los del cole. El Pulgui, que en realidad se llamaba Jose Luis y era el más rápido aunque eso no le sirvió para evitar que Jorge, el malo de clase de la Señorita Felisa, le pusiera una zancadilla y al caer se mordiera la lengua y se le quedara un trozo colgando; Guille, con el que hice mis primeras pellas y que me enseñó quiénes eran Barón Rojo y AC/DC; Sonia, que me gustó desde parvulitos hasta que nos fuimos cada uno a un instituto, Laura que también me gustaba, Susana que también me gustaba, pero que me querían mucho “solo como amigo”; Javi, que nos hicimos muy amigos despues de pegarnos de puñetazos en el patio; el Mundi (de Raymundo) que se llevaba los filetes del comedor guardados en el bolsillo del pantalon; Argüello y y el Cubas dos de las mejores personas que he conocido, Quique y el Charly que celebraba los goles como Hugo Sanchez, dándo la voltereta, y en una de esas su talón y mi cara se encontraron y me tuvieron que dar ni se sabe los puntos de sutura. Mariajo, hace unos años estuve enseñando la exposición sobre Scientology a una chica y a un par de chicos y al cabo de un rato la chica me pregunta si me llamo Iñaki y resulta que era ella y yo no la reconocí porque ya no tenía pecas en la nariz. Y Jose Luis el Aute, más que un profe, un colega que se nos llevó de viaje de fin de curso por Andalucía y nos ayudó a formar la primera asociación de estudiantes de la historia de la democracia de mi cole, la Asociación Juvenil John Lennon.

Recuerdo a Teo, de natación, un buen tipo. Ahí, haciéndo judo, conocí a Jorge que me vapuleaba con sus uchi-matas y con quien me encontré más tarde, por suerte, en el instituto. Ahí llegaron también Alicia que me gustaba aunque fuera la novia de Jorge y cada vez que lo dejaban ahí tenía mi hombro a pesar de lo cual también me quería “solo como amigo”; Vega con las hormonas desbocadas; Oscar “Gues”, entrañable; Mónica que me partió el corazón en Atenas, Natalie que era muy guapa pero muy borde y su amiga y antítesis Ana Belén D.M. a la que me encontré años más tarde en el estreno de Star Wars Episodio I; Mamen que también me gustó un rato; Lopesinos que repartía cocacolas en un camión con su padre; Demi que era jevi, Torrico que me dejaba sus discos de Dire Straits; Iván, un exaltado; y muchos otros, pero los más unidos eramos la comisión del viaje de fin de curso a Grecia: Jorge, Román, Julio y yo. Los cuatro tíos más diferentes que podían juntarse a saltarse las clases e ir a tomar café con los profes en el Gastesi, los viernes  y los sanwich de la casa con jarra de cerveza en el Blanco, las noches en mi casa cuando mi madre se iba a pasar unos días con mis tías, la playa de cantos de Villajoyosa, el seat 1500 del padre de Román…

Y con Julio y Ana Belén D. llegamos al Chirin y llegaron Cristina e Inma y los besos sonoros y luego todo lo demás: Ángel, Fernando y Ojalá; Ana Mari, Chefa, Luis, las guitarras y las canciones, Menchu y una piedra volando hacia su nariz, Jesucristo Superstar, Juanan, Beatriz y versión original subtitulada el día del espectador en los cines Renoir, Chinini, Raúl, Centro Pax, Oscar, Más Largo, Cascalin, Rosalía, Angelito, Javito, el punto cuatro de los estatutos, Nervi, Javi, Bebi y taller de estrellas después de subir el monte Ocejón, Susana, Sonsoles, Gele, convivencias en Casla, María, Raquel, Pilar, Lili, Edu, Silvio y Aute en Las Ventas y descubrir La Gota de Rocío, Ana, Minerva, Sonia, Cristina, noche de viento en la Cuerda Larga, El Club de los Poetas Muertos, domingo en El Retiro y martes en Libertad 8, Beni, Chili, Manolo, Lolo, despedida en Toledo y Boda en El Escorial…

Luego nació Bruno y todo se fué disolviendo y los amigos eran los padres de los amigos de Bruno y luego de Darío: Lorenzo y Paloma y la mani contra la guerra.

Y ahora los amigos nos encontramos en un jardín virtual…

Desde luego, si has seguido leyéndo hasta aquí te puedo considerar un amigo.

Iñaki

Se busca (II). La recompensa.

Ayer no fué un día muy bueno, fué un día de esos en los que trabajas mucho y consigues poco y terminas tarde y en realidad no terminas porque al día siguiente, que se supone que es el día libre, tienes que seguir. Sin embargo al otro lado del mundo se estaba preparando la sorpresa…

Esta mañana me he despertado sobresaltado, pensando que ya llegaba tarde al trabajo y no había puesto el despertador, que todo lo que dejé ayer a medias se me estaba viniendo encima. Enseguida me he dado cuenta de que era domingo, que tenía un rato para estar con Cris y los enanos. Hemos desayunado y he decidido ir al ordenador a quitarme algo de trabajo atrasado y con ello algo de la angustia en la boca del estómago para así seguir el día más “aquí y ahora” y disfrutar realmente el ratito. Pero no se me habría ocurrido que lo disfrutaría tanto.

He hecho lo que tenía que hacer y mientras esperaba confirmación he pensado en darme una vueltecita por Mundito a ver si había algo de nuevo. Y tánto que había. Había la recompensa que, como bien dices Dani, todos merecemos y que, como dice Cris, tenía que llegar.

Gracias a Karen arrancamos con este blog y abrimos nuestras líneas de comunicación mucho más allá de lo que llegaba nuestra voz. Luego fueron llegando Milla y otros amigos de por aquí y por allá y recordamos algunos vínculos perdidos por los que no había habido duelo porque sabíamos que aún estaban ahí hibernando y que algún día volverían a florecer. Así nació la sección “Se busca”.

En Scientology sabemos, aunque demasiado a menudo se nos olvida, que cada ser decide y que esto está por encima de los mecanísmos del universo físico. Así todo este juego de comunicaciones (e-mails, blogs, correo, cables, pantallas…) no sería más que eso, un juego para dar más emoción a lo que podría ser instantáneo porque desde el momento en que lo consideras ya está ahí. Esos días de agosto/septiembre de 1995 un pequeño grupito de seres acordamos (sin contratos) una amistad que no hemos dejado de considerar a pesar de una buena caminata desde la estación de Villalba hasta una casa donde ya no está lo que buscabas.

“Se busca” fué más bien una rehabilitación de aquel acuerdo pues las matemáticas del universo físico daban muy pocas probabilidades de que alguien leyera nuestra entrada y nos pusiera en contacto con vosotros y muchas menos de que vosotros la leyerais. Pero cambiaron las cosas en nuestro universo y, como por arte de magia, escondido en una vieja agenda de teléfonos de Cris, apareció un papelito con un contenido muy muy valioso: la clave do – c, re – d, mi – e… y tres direcciones de México en las que con toda seguridad ya no vivirían quienes decían que vivían ahí.

Pero siguiendo con el juego lanzamos tres mensajes secretos al correo y como quien lanza un mensaje en una botella esperamos en nuestra isla desierta a que algún navegante lo rescatara y diera así con nuestras coordenadas. Nada en el horizonte durante un par de semanas y hoy, de repente el telégrafo vuelve a martillear “ti-tititi-ti-ti-ti-titi…”

Pañales, esposas… evidentemente la vida sigue en todas partes incluso cuando uno no la mira. Nos hubiese encantado ver vuestras caras al encontraros con la carta y al visitar nuestro blog y que nos hubieseis visto al descubrir vuestros comentarios. Ahora hay mil preguntas y cosas que contar que, de momento, irán y vendrán por un medio no tan transitado.

Muchas gracias por estar ahí y comunicaros.

SE BUSCA: Pico, Dani y Gerardo

Documentándonos para hacer a Karen un buen regalo nos reencontramos con un viejo conocido de esos que te presentan unos amigos y que, desde entonces, el recuerdo de unos va inevitablemente “linkeado” con el de los otros.

Esta canción de Fernando Delgadillo debe acompañar la lectura de esta entrada, para que surta el efecto que esperamos. Por otra parte, hemos elegido este vídeo porque las imágenes van que ni pintadas con la letra de la canción y porque el toque de disfrutar del recuerdo de cosas bonitas que a uno le han pasado o le hubiera gustado que le pasaran que tiene esta serie de televisión encaja perfectamente con el espíritu de esta entrada (lease Autoanálisis de L. Ronald Hubbard si se quiere saber mejor a qué nos estamos refiriendo) (Vuelvase a leer el párrafo anterior si la escasez de signos de puntuación y el exceso de oraciones compuestas dificulta su comprensión, yo no lo pienso volver a escribir)

Hecha esta introducción, ahí va el vídeo. Pulsa “play” y sigue leyendo…

A finales de agosto de 1995, Cris y yo nos montamos en un tren en Hondarribia (Fuenterrabía) con destino Donosti (San Sebastián) y luego Madrid (Madrid)

Llevábamos un mes recorriendo toda la costa de Euskadi (País Vasco) y ya volvíamos a casa ¡Qué tiempos aquellos en que podíamos pasarnos un mes por ahí sin saber dónde ibamos a dormir al día siguiente!

Nos acomodamos en nuestro compartimento y al poquito llegaron tres chicos, tres mochilas y una guitarra, así que eramos cuatro chicos, una chica, cinco mochilas y una guitarra en un compartimento de tren. Los ingredientes eran buenos y Pico y su guitarra con ayuda de Silvio Rodríguez, Fernando Delgadillo y otros hizo el resto.

La primera pregunta que nos hicieron estos chicos fué si en San Sebastian había playa, pues tenían la intención de dormir ahí (en la playa) y así comenzó la conversación, que si eran de México (dos de Cuernavaca y uno de DF) que si Dani estaba pasando una temporada en Israel y se habían encontrado en España para recorrer Europa en Interrail, que si tal, que si cual, que Pico sacó la guitarra y…

Poco antes de llegar a San Sebastián ya estaba decidido, se venían a Madrid, donde no había playa (bueno, ni entonces ni ahora) pero había tan buen rollito que daba pereza bajarse del tren, así que la guitarra siguó sonando, Pico, Dani y Cris siguieron cantando (Gerardo y yo no porque se trataba de mantener la magia no de provocar un diluvio), seguimos charlando y charlando y cuando llegamos a Madrid por la mañana (no recuerdo si dormimos algo durante el viaje) parecía que nos conocíamos de toda la vida y que seguiríamos siendo amigos para el resto.

Con unos amigos de México

No te frotes los ojos, la foto está desenfocada

Se vinieron a casa donde tampoco había playa pero sí mucho suelo libre donde poder dormir e incluso algunos colchones para tirar por ahí y pasar un par de noches. Nosotros hicimos nuestra vida, ellos visitaron Madrid, pasamos alguna velada más de poesía y nos despedimos con la promesa de volver a vernos pronto y de escribirnos mientras tanto.

Nos regalaron un palicatés, un papiro y una tira bordada hechos a mano por indígenas mexicanos que llevaban en la mochila (los regalos, no los indígenas) para regalar a la gente con la que se encontraran durante su viaje (con esa predisposición era lógico que hicieran amigos). Por detrás del papiro escribieron:

23 de agosto de 1995

“Los tesoros que no se comparten

son como el agua estancada,

que en poco tiempo se descompone”

Gracias por compartirnos la música que irradia su vida.

Los esperamos en Méjico, hay mucho por compartir.

Gerardo, Pico y Daniel (mexicanos)

Enmarcamos el papiro que ha estado colgado en alguna pared de cada una de las casas en las que hemos vivido desde entonces, nos estuvimos escribiendo durante algún tiempo (con Dani y con Pico, con Gerardo no) y las cartas se fueron distanciando cada vez más y fuimos perdiendonos la pista poco a poco hasta que ya no nos escribimos más. Nunca hemos ido a México.

 Hemos pensado que igual que con esto del blog hemos hecho nuevos amigos como si del compartimento de un tren lleno de mochilas, guitarras y gente se tratara, tal vez podamos recuperar algunos que hemos dejado atrás, así que Pico, Dani y Gerardo acaban de inaugurar una nueva sección (categoría) en Un Mundo Mejor: “Se Busca”

Si tienes alguna pista, se agradecerá tu comentario y si no, también.